jueves, febrero 22, 2007

01/03/2006 ; 02/03/2006 : El Fuego Inolvidable

Cuando empecé el blog, la idea primaria era escribir lo real, lo surreal o lo inventado de a pequeñas crónicas tituladas desde el cielo o desde el infierno. Como es obvio esa idea jamás llegó a plasmarse y el blog fue mutando al ritmo de mis incoherencias y narcisismos varios.
De haber respetado ese formato ésta crónica sería escrita sin duda desde el cielo.

Podría ubicar el inicio de esa(s) noche(s) calurosa(s) de marzo en tantos eventos del tiempo mas o menos cercanos que me cuesta encontrarle un principio. Podría decir que empezó en octubre de 2005 cuando se anunció la gira sudamericana; en diciembre cuando las entradas se agotaban y pegada al MSN esperaba por el milagro que por supuesto se produjo; el 27 de febrero cuando a la noche partí con una mochila de expectativas que serían superadas en mil millones. Sin embargo prefiero ubicar el principio en la tarde de mayo de 1997 en un cd warehouse vacío de gente y de discos donde puesta a elegir opté por War, ese disco que empieza con “ I cant believe de news today... I can´t close my eyes and make it go away ...”. ¿ Un final?. Esa(s) noche(s) no tiene(n) final. No lo tendrá(n) nunca.
El cielo cerrado de la ultima madrugada de febrero, el viento frío cortaba un poco el aire. Llevaba la mochila de siempre. Haré mención a mi mochila porque se lo merece. “Berta” estaba cumpliendo 7 años al servicio del deber. Había cargado con mis cosas por todos lados, miles de km juntas. Pero ésta vez llevábamos más que equipaje, llevábamos la ansiedad que no me dejó dormir. La sensación de haber esperado este viaje durante demasiado tiempo. La impresión, hasta física de estar a punto de vivir el (los) días de mi vida. Esos por los cuales vale la pena estar vivo. Si lo sabré y cuanto tendrá que ver esa música carmesí.
La madrugada pasó rápido entre el sollozo del río de la plata y el entresueño de los que viajaban conmigo. Al amanecer miré el río desde el ventanal del baño y la silueta de Buenos Aires apareció cada vez más cerca. Desandé el pasillo de arribos casi corriendo. Y ahí estaba Mariano. Creo que jamás supo cuan cerca estuve de largarme a llorar ( yo que no lloro nunca) cuando lo abracé ( nos abrazamos) . Finalmente había llegado. No a Buenos Aires. ¿ Quièn dijo que había llegado a Buenos Aires?. No. Había llegado a la Ciudad de la Furia. La furia.
Envuelto en un papel blanco, Mariano me dio mis entradas, una la del 2 ( la que se agoto 5 minutos después ) me la había comprado él, la otra la del 1 me la había comprado Celeste. Adiviné que el calco que unía el papelito era obra de ella. “ Rock and Roll stops the traffic” ( la tengo frente a mi mientras escribo). No entraré en detalles personales pero digamos que ambos me compraron el boleto al paraíso, pasaje de ida, sin más interés que el más absoluto de los desintereses. Tengo con los dos una deuda que ni la mas grande de las fortunas podrá pagar. Gracias.

Un desayuno mc donaldesco y un hotel. A las 18 Diego me pasa a buscar y caminamos hacia River Plate. O sea hacia el Templo. Llevo mi mochila de playa y no mucho más. Se supone que volveré al hotel a descansar y nos turnaremos en la fila. La Fila. Cuando llegamos nos dan números. Soy la 605. Se supone que en el corral entran los primeros 3500. Llevamos dos horas allí cuando por primera vez cruzo palabra con una chica flaquita que está sóla. Se llama María Rosa, y es de Paraná, Entre Ríos. Está haciendo tiempo de fila para su novio, Néstor. Cuando lo veo percibo en él la misma ansiedad de todos. Ella está ahí para acompañarlo en el trance. La espera. Casi un año después ambos están en otra espera. La de Bauti que llegará en cualquier momento. María Rosa tiene fecha para el 10 de marzo, pero con Néstor apostamos que llegará el 1 de marzo.
Caía la noche sobre Avenida Libertador y Udaondo, cuando apareció Andrea. Una santafesina que conocía aunque las reglas de socialización dirían lo contrario. Andrea y una bolsa de alfajores santafesinos. Sí creo que cada provincia argentina tiene su propio alfajor. Parecieron muchos al principio, pero pasada la madrugada serían bienes escasos y manjares preciados. Junto con Andrea, Nancy, otra enterriana. Al igual que con Nestor percibí en ellas la expectativa hecha gestos y palabras. Estabamos esperando, con la certeza de que no nos olvidaríamos de esas horas. Nos abrazamos y nos pusimos a charlar.
No sé cuanto tiempo pasó, si fueron minutos o si fueron horas. Pero de pronto escuche un riff de guitarra familiar. Ese aguijonazo era The Edge. Me paré con el vaso de jugo en la mano. Acabo de escuchar al Pelado. Nancy me mira estupefacta. No dejá que se va escuchar desde acá. Otro aguijonazo. Diego se ríe. Estamos escuchando a U2. Durante un rato nos esforzamos en escuchar cada vez que el viento trae un poco de la prueba de sonido a nuestras deseosos oídos. Mariano ya había llegado. Estabamos charlando cuando nos acercamos de a poco al principio de la fila. La zona de carpas. Sin dejar de caminar y sin pensar en que atrás habían quedado nuestras cosas en el medio de la Avenida caminamos Udaondo abajo. El sonido se hace cada vez más claro. Es Bullet the Blue Sky. Tengo que sostener mi mandíbula. Una pequeña multitud permanece hipnotizada escuchando a la bestia y mirando incrédula las paredes de las tribunas de la cancha de River.
Permanezco ahí hasta que vuelve el silencio. Nos dispersamos y mis amigos vuelven a sus lugares. Por alguna razón me quedo. Hay reporteros gráficos de algunos medios que han llegado hasta ahí. El de Editorial Atlántida dice que nunca en todos sus años de trayectoria ha visto algo similar a lo que había ocurrido las dos tardes anteriores en la puerta del Hotel Hyatt. Bono había bajado a hablar con la gente. Había recibido obsequios y dejado autógrafos en cuanta cosa le acercaron. Después de un rato sale un auto bastante rápido con Adam Clayton en su interior. A los 15 minutos una camioneta 4 x 4 lentamente. Con la ventanilla completamente abierta el Señor Hewson. Sombrero de cowboy ( si su buen gusto para la ropa nunca ha sido su fuerte los accesorios menos) saluda a los que estamos presentes. Estrecha manos. Su silueta de estrella de rock es impecable. Y desde ya el tipo no es normal. Cualquiera podría pensar que la escena produciría un pequeño caos. Pero no. Porque hay algo en él que hace que te quedes tranquilo. Como si estuviera tratando de hacerte entender que no hay nada de particular en él. Como si estuviera absolutamente interesado en tu afecto. La sensación es la de estar en presencia de alguien que te respeta tanto como vos a él.
En honor a la verdad debo decir que no me acuerdo de las caras ni de los nombres de los que luego de la escena anterior caminaron conmigo ésta vez Udaondo arriba. Cuando llegué a nuestro pequeño campamento todos estaban cenando y Néstor y Maro ya parecían a punto de dormir. No me había dado cuenta pero era madrugada entrada hacía rato.
Nunca sabré por qué pero después los que llamaré “ Control” decidieron corrernos para más adelante. Casi al lugar desde el que habíamos estado escuchando la prueba de sonido. El punto fue que nos encerraron con barreras para-avalanchas. Estando ahí irte, o sea salir al baño o a comer significaba perder tu lugar. Lo que era hasta ese momento una compañía grata de campistas se transformó en cientos de malhumorados dispuestos a todo por conservar su sitio. El cansancio trajo la calma. Me acosté en el piso y el cielo estrellado levemente iluminado por la luces de la calle me descansó los ojos un rato. Amanecía cuando se produjo la primer corrida. Diego me había prestado su sobre de dormir. Hacía frío. Así que cuando todos se levantaron y corrieron, seguí a la masa con el sobre a cuestas. Creo que quedamos ubicados en el peor lugar posible. Los primeros de la fila estaban cómodos, tenían espacio. Pero unos metros atrás habíamos quedado exactamente en el medio del grupo que empujaba para avanzar y el que aguantaba para no ser avasallado. Con el correr de la mañana el sol salió a pleno. Tenía calor, hambre y sed. Para empeorar las cosas la organización, esto es DG, había colocado un solo baño químico. A media mañana debían haber miles de personas. Un solo baño. Después que llegó la televisión increíblemente apareció un segundo baño. Un chiste. Sin embargo no me importaba nada.
La peripecia del sol, el calor y el hambre siguió por unas horas más hasta que finalmente abrieron las puertas de River.
Corrí como una loca rumbo a ese escenario que se hacía cada vez más grande. La cancha estaba absolutamente vacía. Debo haber estado entre las primeras 200 o 300 personas en entrar. Cuando finalmente llegué, es decir cuando finalmente alcé la vista y tuve frente a mí esa pantalla, y esas pasarelas, cuando luego de 48 horas sin dormir y 24 sin comer pude sentarme justo frente al target ( esto es el circulo en el que terminaba una de las pasarelas) de The Edge me agarre la cabeza entre las manos y sentí como latía. Me dieron ganas de reírme. Y me reí, sola, emocionada y nerviosa. Aún rodeada de cientos de personas tuve una sensación de soledad que me duraría toda esa primera noche. Me sentía en el centro del mundo. Parada en un momento eterno.
En eso estaba cuando crucé palabra con Ariana. Ariana era de San Juan y había venido con su hermana. Me contó como desde el interior no se conseguían entradas y que sólo pudo comprar la suya casi milagrosamente hacía unos días cuando la productora había largado a la venta unas pocas miles de entradas para campo.
Como anécdota ( aunque en realidad todo esto es una gran anécdota) quiero contar que fui al baño, para lo cual había que atravesar la entera cancha de river de punta a punta dos veces y además salí a comerme un pancho, todo para volver al exacto mismo lugar en el que estaba.
Es que todos estabamos contentos y felices. Todo el mundo era amable. Todos te sacaban fotos y te charlaban. En el momento no me dí cuenta pero ahora que por fin puedo intelectualizar un poco, creo que pocas veces en mi vida sentí la sensación de pertenencia que tuve esos días y en ese momento ahí en el corral llamado Golden Circle.
Cuando cayó la noche empezaron a armar a Franz Ferdinand. Por primera vez en todo el día corría aire cuando la banda escocesa pisó fuerte el escenario. Hubo un pequeño pogo celebratorio. Los Ferdinand estuvieron muy bien. Suenan exactamente igual que en sus discos pero con el agregado de la lógica potencia del vivo. Creo que se metieron al público en el bolsillo aún cuando se podía percibir la ansiedad mortal de saber que los próximos en subir serían los U2. El minuto cero se acercaba.
En cuanto terminó Franz Ferdinand, las luces se encendieron y unas 10 personas subieron el escenario a desarmar y armar. Tengo grabada en la memoria la imagen de Dallas Schoo, el roadie de The Edge con La Guitarra, esa de Until the end of the world colgada arrancándole un riff maravilloso tras otro. Lo ví caminar por al lado mío, simplemente no podía sacarme esa sonrisa de mi cara. Miré la guitarra una y otra vez, herramienta de música para volar. Sólo cuando el tipo volvió al escenario principal me dí cuenta que los roadies de Larry Mullen y Adam Clayton también estaban ahí. El roadie de éste último, de nombre Steve, tiene una buena historia que contar. Suplantó a Clayton en Sydney durante un show del Zoo Tv Tour cuando el bajista de U2 estaba demasiado borracho como para mantenerse en pie. También pasó por al lado mío controlándolo todo. Había visto esos instrumentos tantas veces, en dvds y en viejos videos durante tantos años que tenerlos al lado fue impresionante. Por primera vez me emocioné en serio.
Lo que viene después no puede ser descripto en palabras. Tengo imágenes en mi cabeza amontonadas, pero no serían nada sin la memoria física de lo que pasaba por el cuerpo en ese momento. Del segundo show tengo más recuerdo real. Pero de éste primer día, del 1 de marzo de 2006 sólo tengo sensaciones.
El sonido cerró paso a un llamado : Everybody, repetido una y otra vez. Las luces se apagaron. Envuelto en humo la silueta de The Edge. Dedos mágicos para volar. Para cuando la pantalla empieza a iluminarse despego los pies del piso. Oh you look so beautiful to night. Mi cuerpo levita en un nirvana delicioso, un colchón de espuma sin límite, sin principio, sin final, la adrenalina de la euforia contenida, la felicidad hecha fascinación. Hay mucho que mirar, es cierto. Sin embargo sólo puedo escuchar. La impresión es la de estar sóla en el mundo. Puede que todo siga funcionando allá afuera. Pero acá adentro puedo oler la perpetuidad de estas horas en las caras desaforadas de los 3500 que estamos encerrados en el corral del minuto final que es eterno. Todo parece surreal hasta que en un momento puedo pensar. Es cuando los bíblicos acordes de I still haven´t found what I ´m looking for empiezan a sonar. Entonces por primera vez miro para todos lados en busca de mis amigos. No los veo por ninguna parte. Es ahí que parada en el medio de la cancha de River, estirando mis brazos al cielo como en una plegaria, yo que soy atea siento que no soy cuerpo. Las lágrimas vienen como un manantial. Una descarga emocional con razones más allá de la música pero gracias a la música. A partir de ahí todo es energía. Sólo paré una vez. Durante años desee poder saltar y cantar Where the streets have no name, esa oda casi mesiánica, cuya batería trepa la columna vertebral hasta el cerebro pateandote el cráneo. Podría describirlo como uno de los momentos más felices de mi vida. Había terminado Pride ( in the name of looooooooooove) y como era de esperarse estaba un poco hecha pedazos. Necesitaba agua . Entonces lo ví. Sí, en el medio del corral había un heladero, un heladero con heladerita al hombro. Y sí por alguna razon en el medio de la multitud vió la seña que le hice. Y sí pudo atravesar la masa hasta llegar al lado mío. Miré la heladerita. Maldición sólo hay palitos de agua de frutilla. Si hubieran de limón me sacarían la sed. Meto la mano para sacar cualquiera, cuando lo veo iluminado y dorado : un palito de agua sabor limón torpedo-nestlé. Y sí le pague y abrí el helado todo justo a tiempo para el exacto momento en que Bono terminaba su discurso previo, banderas de America Latina como escenografía y la batería señalaba el camino del grito inicial “aaaaaaaaaaaaaaaaaaah”. El helado se derrite en mi boca rápido mientras salto y giro sobre mi misma, cantando. Tengo tanta energía como nunca. I want to run, I want to hide, I want to turn down the walls that hold me inside… Todo con los brazos al cielo, y el helado en la mano derecha.
Todo, todo fue energía esa noche. Como si volar y abstraerse de todo y todos fuera posible. Me recuerdo saltando como loca entre la gente que agotada ya no agitaba tanto vociferando The Fly, ese himno a la posmodernidad televisada. The Edge tocando el sólo maravilloso de Mysterious Ways al lado mío. Me abracé con gente que no conocía.
La celebración llegó a su fin con un inesperado Love is Blindness. Dado el gesto de Bono y la reacción de la cara de Larry Mullen puedo casi asegurar que fue improvisado. Fue un regalo final hermoso e inolvidable.Cuando las luces se encendieron volví por mis amigos. Todos, todos tenían esas caras de cansancio satisfecho que no se puede contar con letras, todavía no se inventó una palabra para esas caras. Más que a nadie quería encontrar a Celeste. Tenía esa noche que agradecerle.
Caminé hacia el hotel, compré empanadas en el camino ( mi primer comida sustanciosa en 36 horas ). Una vez llegada al hotel dejé a Andrea tirada en su cama mientras me daba un baño. Nancy seguía despierta. Cuando salí del baño nos miramos y nos sonreímos. Andrea se había dormido, vestida y con las piernas colgando hacia un costado, con los lentes puestos. No nos animamos a despertarla. Su sueño parecía absolutamente profundo.
Me dormí un par de horas hasta que sonó el teléfono. Era Ximena. Xime había sido compañera de facultad sólo un semestre. Sufrimos juntas la peor clase posible, con el peor profesor sobre la faz de la tierra. Y la sufrimos planeando cómo algún día íbamos a ver a U2. Ella me contaba su anecdotario del febrero de 1998 y yo soñaba con vivirlo algún día. Habíamos arreglado que ella haría la fila para el día 2. Entonces yo podría dormir unas horas , y la suplantaría un rato por la mañana. Eran cerca de las 7. Me levanté y me volví a pegar una ducha. Necesitaba despertarme. El cansancio de los días anteriores me estaba cayendo. Caminé hacia un Mc que había a la vuelta y me compré un desayuno. Le mande un email a mi hermana contándole la alucinante experiencia de la noche anterior. Podría parecer una pérdida de tiempo pero necesitaba contarle a mi hermana lo que había pasado.
Desandé el camino a Libertador y Udaondo una vez más. No hacía tanto calor. Al llegar a la esquina las ví. Xime estaba con su amiga Noel. No la conocía pero conecté de inmediato. Me dí cuenta que estaba en esa misma espera en la que había estado yo la mañana anterior. La expectativa serena de quien sabe que ésta a punto de vivir algo importante. Ese tipo de cosa que le contás a tus nietos. Esas anécdotas con las que aburrís en cada asado, pero que no te cansas de contar.
Ese día estaba todo más organizado. Unos chilenos habían dado números a los que estaban haciendo la fila y sólo a las 9 de la mañana empezaron a amontonar a la gente entre los para-avalanchas. Llegué 8:55, a minutos de que mis amigas pasaran la barrera con el número que habían guardado para mí. Si el fallido 605 no había servido para nada, éste 65 me dejó al principio de la fila, fue un 65 que valió un número 3. Pasamos la mañana charlando, muy tranquilas. Había espacio y un poco de sombra. Cerca de la 1 de la tarde nos hicieron formar separándonos en hombres y mujeres. A las 2 de la tarde logramos entrar. Ésta vez le dije a la chiquilinas, vamos del escenario a la punta izquierda, bien adelante, donde toca The Edge. Finalmente quedamos en segunda fila desde adelante pero en primera fila en el primer tramo de pasarela. Ésta vez había mucha más gente en el corral. Después me contarían que por 5 pesos los de “ Control” hicieron pasar a muchos que no entraban entre los 3500. Estábamos apretados. Cuando el día anterior era posible dormirse una siesta con las piernas estiradas ahora a duras penas podía sentarme.
No sé si fue porque era la segunda noche, pero la adrenalina era menor. Me dediqué a registrar cada detalle. A disfrutar la espera. Ya sabía lo que se venía. Y era la última.
Noel si hizo amiguísima de los de Control así que por unos mangos nos trajeron comida y bebida al rincón. Al lado nuestro había una familia de Venado Tuerto que había acampado cerca de mis amigas. Eran papá, hija y tía. La nena de 16 estaba tan loca por Bono como la tía que andaba pisando los 35. Eran dos generaciones con el mismo amor por la misma música. Desee tener un papá así. Un papá que entendiera el poder de esa vibración. Al lado de ellos un panameño. Había recorrido miles de km para estar allí y sería recompensado con un gran regalo.
Pronto vi el sol ocultarse detrás de las tribunas y la noche cayó rápidamente. Yo sabía que eso significaba que Franz Ferdinand estaba por tocar. El show fue idéntico al de la noche anterior salvo por el detalle de que hubo más alcohol, mucha más cerveza y una canción dedicada a Maradona que aparentemente se encontraba en la cancha. Se sabe que todo anti – imperio británico que se precie ha valorado el gol del 10 a los ingleses tanto como cualquier habitante de las pampas.
Al ver pasar a los roadies de U2 por al lado mío tuve medida exacta de lo cerca q tendría a la banda esa noche. Dallas Schoo probó guitarras a menos de medio metro mío durante un rato. Traté de escuchar pero el sonido de la música ambiente era muy fuerte. De todas formas pude distinguir la maravilla del inicio de Until the End of the World.
Justo antes de que empezara U2 una chica se coló adelante mío. Quedé en la tercera fila para ver el escenario de frente.
Apenas escuché el Everybody le grité a Xime, se viene se viene !!! ya saltando poseída. Las luces se apagaron y la luz opaca iluminó a The Edge. El papá abrazó a su hija mientras le gritaba enardecido, mira todo todo todo porque de esto no te vas a olvidar nunca en tu vida. La nena asintió, pude ver su cara iluminarse por las luces del escenario que se encendía de a poco. Sólo entonces apareció nuestro Front-Man. Mis pies una vez más no tocaban el piso. Para Until the End of the World me corrí un poco hacia el costado. Ya no me movería de ahí. Había espacio, aire y estaba en la primera fila contra la pasarela. The Edge se paseaba con su guitarra toreando una vez más a Bono en frente de mis ojos. Cuanto amo esa canción. Y a ese guitarrista. Perfecto, sus ojos celestes casi transparentes te buscan pero no hacen contacto visual contigo, se arrepiente en el mismo instante en que le sostenés la mirada. Es como si navegara en el infinito de su guitarra sin más necesidad que su sonido. No es un guitar heroe. No quiere serlo. Pero es mi guitar heroe. Manso en las formas su guitarra es un infierno que transporta, después de todo es el abismo. Alguien dijo que pocos guitarristas hacen tanto con tan poco. Lo que puedo decir es que estando en su presencia la impresión es la de estar observando a un genio. Una bestia de la perfección.
Si Edge intenta no mirarte, Adam Clayton no sólo te mira directamente a los ojos sino que busca el contacto visual con vos, te mira, se ríe, te sostiene la mirada y se vuelve a reir. Es un seductor. Viéndolo ahí arriba moviendo su bajo al ritmo de Love and Peace, y dejando a la platea femenina al borde de la histeria una humildemente entiende cómo ese sujeto pudo volver loca a Naomi Campbell. Se paró en nuestra esquina junto con The Edge y no se movió hasta el final de la canción. Bailábamos al ritmo de su bajo y el lo gozaba. Cuando la canción terminó estrechó manos, mostró su bajo y le depositó su púa directamente en la palma de la mano al amigo panameño que estaba al lado mío. Honestamente debo decir que estiré mi mano lo más que pude para agarrar la púa, pero no llegué. El panameño tenía los brazos bastante más largos que los míos.
Estaba gozando cada segundo, en lugar de levitar locamente como la noche anterior, ésta noche era un levitar idéntico pero más racional. Recuerdo detalles, caras y lugares. Aunque lo que sigue no me lo hubiera podido olvidar bajo ninguna circunstancia
Sunday Bloody Sunday significa mucho. Es la primer canción de mi primer disco de U2. Música y letra sintetizaban lo que hasta ese momento venía escuchando y leyendo. De adolescente leí mucha literatura de tipo político. Pero la música no había sido un ámbito más abstracto que real. Todo hasta que escuché esa canción. La lírica es de un vuelo poético revolucionario y político maravilloso. Me enamoré de U2 desde el instante que escuché Bloody Sunday.
Estaba gritando No More como corresponde, o sea con el brazo estirado y el puño cerrado cuando Bono dejó de interactuar con la masa y se dirigió caminando lentamente hacia mi rincón. Se paró en seco, y miró para abajo. Entonces hizo contacto conmigo. Me miró directamente a los ojos. Por alguna razón le sostuve la mirada. Sus ojos son infinitos. Por suerte usa lentes porque sino me hubiera caído ahí mismo. Fue entonces cuando el tiempo se detuvo. Porque no sólo le sostuve la mirada sino que instintivamente, irracionalmente, le sonreí y como hablando directamente con él, cual si estuviera parado al lado mío hombro con hombro me toqué el corazón y dije, sin gritar sólo para mí misma y para él que me estaba mirando fijo “ I love you ( esto señalándolo), Bono.” Inmediatamente bajó por la pasarela, todo sin dejar de sostenerme la mirada. A mi alrededor todos estiraron sus brazos. Yo permanecí hipnotizada por el poder de sus ojos. Ni siquiera me podía mover. Entonces alguien de seguridad, un flaco con unos auriculares gigantes se acerca a mí, y desorientado empieza a agarrar gente. Entonces Bono lo mira y me señala. Le dice no, no, she she. Su dedo me estaba señalando y sus ojos no dejaban de mirarme. Sentí la firmeza de las manos del seguridad sostenerme en el aire. Cuando me dejó caer estaba en el escenario con Bono enfrente mío, me agarro la mano mientras me decía please on your knees y me tocó la rodilla, mientras se arodillaba él también. No podía pensar. Tampoco escuchar. Como agujas empecé a sentir las miradas de la gente clavarse en mi cuello. El silencio ahí arriba es increíble. No se escucha nada. Sólo ví los labios de Bono moverse gritando No More. Luego puso el micrófono adelante mío para que yo cantara. Eh?, yo cantar?. Yo no canto ni en la ducha. Y menos delante de 70 mil personas. Pero en fin. El grito de guerra me salió. Mientras, no dejaba de pensar. Mil cosas en cada nano segundo. Es Bloody Sunday. Es esa canción. Es mí canción. No te desmayes, boluda. Mierda que mirada tiene carajo, creo que me voy a caer a la mierda. El pantalón se me baja de atrás, maldito tiro bajo se me debe estar viendo el culo ( hay 70 mil tipos mirándome el culo).
El tipo te da una serenidad difícil de explicar. Es Bono pero no lo es. Cuando el tipo te mira es como si quisiera que vos le hicieras saber algo, como si buscara algo en vos.
Cuando Bono se paró miré a mis amigas. Y ví sus caras. Ximena y Noel eran un mar de lágrimas. El seguridad me bajó y me depositó en el exacto mismo lugar del que me había sacado. Después ví en el dvd que el pobre Enano da la vuelta para saludarme y yo ya me estoy bajando. Y bueno así soy yo, loco, mala para las relaciones públicas, Bono que va a hacer.
Apenas bajé sentí las miradas de la gente. La nena de Venado Tuerto me agarro fuerte el brazo y me dijo sos la envidia de todas las mujeres argentinas, por un momento pensé que me iba a agarrar a trompadas.
La verdad es que aún cuando admiro y respeto tanto a Bono sea como artista que como ser humano, jamás me ha gustado como hombre
Aún cuando mis amigas se miraban incrédulas y ninguna de las dos recuerda haber escuchado la siguiente canción, esto es Bullet the blue sky, yo seguí agitando como si nada hubiera pasado. Fue sólo en Miss Sarajevo cuando caí. Xime me prestó el hombro y lloré como nunca lloro. Si es difícil que llore, es más difícil aún que llore con ruido. Pero ya se sabe, esa noche todo era posible.
La magia de esa noche que terminó con cualquier pronóstico de posibilidades y casualidades siguió por casi 1 hora y media más. Todas y cada una de las canciones permanecen en mi memoria como un recuerdo exquisito. El estadio entero iluminado en One. La conmoción de Where the Streets have no name una vez más. Y como si fuera poco, como si The Edge no nos hubiera entregado la vida en cada acorde, la versión de Mothers of the Dissapeared con el guitarrista de lo escaso paseándonos por el abismo sólo con un charango.
Para cuando All I want is You terminó el show, estaba extasiada y abrumada. Las luces del estadio me devolvieron a la realidad del final de una noche de verano. Después de todo cualquiera diría que sólo había sido un show de rock n roll. No para nosotras, y menos para mí. Había soñado con esos días durante mucho tiempo. Y los había vivido para contar que fueron increíbles. Que cualquier expectativa que pudiera tener había sido superada. Que no hubo sueño que me preparara para tanta energía. Esas noches se quedaran conmigo, y me llenaran la vida para siempre.
Me encontré con Nancy y Andrea a metros de la esquina donde habíamos iniciado nuestra vigilia 2 noches atrás. Estaba cansada y molesta. Tenía hambre y me dolía la cabeza. Ambas estaban como locas. Te vimos. Esas serían las dos palabras que más escucharía durante los siguientes días. Nos fuimos a cenar pero claro que yo no podía comer. Pedí un capuchino y por encima de la enorme taza pude ver la cara sonriente de Andrea que no dejaba de mirarme. Ella sabía que yo no sabía el tamaño de lo que acababa de ocurrir. Pero ella tenía certezas. Esas certezas que guardan tus amigos. Por eso se reía, cómplice, mientras dado mi estado deplorable le ponía azúcar a mi café.
Esa noche dormí un sueño tranquilo y poderoso. me desperté sólo cuando me llamaron. Llovía en Buenos Aires mientras esperamos un taxi. La ciudad lucía esa bucólica agonía que hace que se parezca tanto a Montevideo. El agua pegaba contra el vidrio. El ruido y las histerias citadinas eran como un video sin audio. Podía extraerme de todo y de todos.
Pasé la tarde con mis amigas. Paseamos y caminamos las calles lluviosas con algo de melancólico final. Justo a mí que no me cuesta nada la melancolía : Buenos Aires y una lluvia de verano. Debo haber sido una porteña que fumaba en el puerto en alguna otra vida un cigarrillo cortaziano al servicio de la bohemia.
Esa noche salimos a cenar. No me dí cuenta pero era una cena de despedida. Después de todo me estaba yendo. No lo percibí. Estando sentada a esa mesa tuve la impresión de que los vería en cualquier momento. Una vez más era la sensación de pertenecer. De que teníamos algo en común que nos relacionaría en los días y meses y años por venir. Así que cuando los saludé fue un absoluto hasta luego.
Caminé despacio el ingreso a Partidas. Tan despacio que no encontré lugar donde sentarme en el barco. Así que me acomodé en una silla junto a una ventana. Cerré mis ojos y escuché el río susurrar. Hurgué por el disc-man en la mochila. La abrí en busca de un disco adecuado. Y lo ví, esperándome con su foto gris y sus letras rojo sangre : War. Recordé entonces que había llevado ese disco con caja. Debo decir que tuvo algo de ceremonial cuando lo saqué lentamente y lo puse en el disc-man. I can´t believe de news today... Cerré mis ojos. Dejemos que la historia vuelva a empezar.

17 comentarios:

LaChicaU2 -> The Lady with the spinning head dijo...

MAJO:

Acabo de leer tu reseña y la de Andre. La verdad, las sensaciones y los recuerdos de esos días... no sólo los de los recitales, sino los de la previa... desde el anuncio oficial de la visita de los 4 fantásticos, cambiaron mi vida. Hay un antes y un después. Tanto vos, como Andre, como yo y muchisimas almas más, esas dos noches disfrutamos lo que siempre estuvimos esperando. En dos noches tuvimos lo que estuvimos buscando y esa felicidad no se puede comparar ni cambiar por nada.

Salu2 desde Bonos Aires, la Ciudad de las luces cegadoras... y de la furia tambien.

Besos

Andru

Andrea dijo...

Groso el comentario.
Groso el recuerdo.
Groso haberlo pasado juntas/os
Saint Exupéry diría que U2 nos ha domesticado "algo olvidado en estos tiempos" porque el lazo que se generó después de todo lo compartido va a continuar más allá de distancias y tiempos. Estamos atados por este recuerdo para siempre. Qué bueno.
Gracias a todos.

eduardo dijo...

A la pelota.
Vengo leyendo este post por cuotas, a medida que lo ibas escribiendo. Menos mal que mis comentarios anteriores se borraron, pero sigo manteniendo que es una gran crónica, muy emotiva y graciosa.

Salutes cordiales.

la_marxiana dijo...

Eduardo, ¿ como q se borraron tus comentarios anteriores, jamas los vi?
Decime que decian, no vale dejarme asi. Con ese menos mal que....

salu2

eduardo dijo...

Bueno, no decía nada indebido.
Pero antes de que terminaras de postear(¿es así,no? este post lo fuiste escribiendo en tres o cuatro días, ¿no?) ya había comentado mi desilusión de cuando fui a ver a otra banda a buenos aires, y con todo lo que viviste en esos días no daba para andar diciendo boludeces. Lindo post, che.

Ah, ¿tenés un mural de 1 metro por 0.80 con esa foto de Bono y vos?

Salutes.

la_marxiana dijo...

Antes que nada quiero agradecer a Andrea por las fotos. Se me chispoteó antes-

Eduardo:

Sí fui escribiendo por días y publicando. No me imaginé que alguien estaba leyendo mientras.
Sabes que durante mucho tiempo las imagenes con el enano me dieron un poquitín de impresión, incluso hasta el día de hoy.
Tengo la misma foto que pegué acá pq es la que mas me gusta en un cuadrito que me regalaron xime y noe para mi cumpleaños el mes pasado. Pero mide ctms no metros.

lucia dijo...

Nena...
a veces yo digo que me gustan mas los libros que las peliculas porque juego yo con el road y les pongo las caras que quiero a los protagonistas y los lugares. Pero en esta no, porque estuve ahi, te vi y supe medianamente lo que te estaba ocurriendo.
Gracias por traerme los recuerdos de esos dias, hasta el de la lluvia del 3 que acompaño la despedida de todas mis amigas que volvian a su lugar de origen.
Gracias por escribir asi, con sabor, olor, y melancolia. Hoy hace un año que llegaron y llueve tremendamente en Buenos Aires, no se porque pero supongo que en Montevideo tambien
Un beso y gracias

Lu_socruel

la_marxiana dijo...

Si, sabes que llueve en Montevideo. Charly dijo que Mvdeo es Buenos Aires unplugged, y es cierto.

Despues de leer tu review quiero decirte que es un honor tener a alguien q como vos metio todos los medios de comunicacion, radio tv y diario, JA, no cualquiera mete la tapa de Cronica!!

salu2

JeSi dijo...

Grandioso relato Majo! Trata de explicar muyyy bien lo que vivimos aquella semana llena de Vertigo (Nunca mejor puesto el nombre del tour). Y digo trata, porque como bien vos dijiste, hay cosas que no se pueden explicar, son demasiado alucinantes como para expresarlas en palabras.
Practicamente ni nos vimos en persona, es mas, no se si te acordas de mi! jajaja (por las dudas... hable un toque con vos en la puerta de Fs el 3 de marzo). Recuerdo haberte visto en la fila de river, cuando pense ¡¡Ahhh ella es la chica que venia desde Uruguay!!. Y fue una gran alegria enterarme que eras vos, alguien "conocido", quien nos represento cuando Mr Hewson te subio al escenario. Es muy loco... Cuanta gente subieron en el Vertigo Tour en Sunday Bloody Sunday??? Sin embargo el enano te eligio en ese tema, en TU tema. Ese hombre sabe leer el alma parece.

Bueno, me emocione escribiendo jajaja. Solamente repito el deseo de que ojala algun dia volvamos a vivir lo que vivimos aquella inolvidable semana.

SalU2 Majo!

la_marxiana dijo...

obvio q me acuerdo de vos jessi. Tambien me acuerdo el frio y el viento que hacia :)

Salu2

Anónimo dijo...

Termino de leerlo, con el corazón alterado y los ojos humedos. Escribiste sobre el dia de tu vida en que lo tuviste todo, y que pase lo que pase, no lo vas a poder perder. Te cuento que hoy abracé una de las vallas de Tribunales y volví por un segundo a esa semana Vertigo, y entre todos los recuerdos ahì estabas hecha una diosa campartiendo el microfono con un irlandes. Te mando un besote Majo! MUACK!!

Celeste

Sejemeb dijo...

MAJO:
La verdad fue una experiencia inolvidable, y haber conocido a dos personas como vos y andrea que disfrutaron tanto como yo y maro de esos dias es muy importante.
espero que podamos repetir esta experiencia juntos algun dia
El bauti cuando salga ya los va a reconocer de tanto que los a escuchado.
es mas seguro que pongo un disco de U2 y va a decir PAPA.
jejejejej
Muchos Besos desde Parana
Espero que nos juntemos pronto...

Besos
Nestos y Maro

Nito Mestre dijo...

Che... ¿"lugares comunes" es por acá?

eduardo dijo...

¿qué dice la dra.?

¿ocupada?

pad dijo...

recien descubri el blog. ta bueno. estan invitados al blog que yo con mucho espero, dedicacion y esfuerzo cultivo dia a dia. gracias

another time another place dijo...

Hay partes de tu relato donde me hiciste llorar. Me encantó, quisiera haber vivido esos días yo también. Pero sé que va a haber otra oprtunidad. Y espero que esos días, horas en la cola (fila) y cantar con Bono "No More" los recuerdes para toda la vida. Por cierto, lo de cantar con Bono, quizas nunca te lo dije, pero bueno, te lo digo ahora: ¡¡Felicidades!!

Cuidate, besos.

andres dijo...

andres :

Majo me lei todo tu relato la verdad q fue imposible no llorar las palabras q describiste el recital de nuestras vidas me dejeste sin palabras cada descripcion fue tlacua lyo lo senti cada tema , cda sonido cada gestos de ellos , la cola el hambre el gc fue toda una aventura que pordios deseo con toda mi mi alma que se vuelva a repetir te prendes?


besos q sigas bien